El término
Shadow AI describe el uso de herramientas de inteligencia artificial sin el conocimiento, aprobación o supervisión de la organización.
Y no parece ser un fenómeno marginal. Según Microsoft y LinkedIn, el 75% de los trabajadores del conocimiento ya utilizaba IA en el trabajo en 2024. Pero hay un dato todavía más sorprendente: el 78% de los usuarios de IA afirmaba llevar sus propias herramientas al trabajo, lo que Microsoft denomina Bring Your Own AI (BYOAI).
Es decir, la adopción no está esperando a que lleguen las políticas.
Estamos utilizando una tecnología que puede leer, resumir, transformar, clasificar y generar información a una velocidad enorme. Y todavía estamos aprendiendo a ponerle límites.
Las personas ya estamos encontrando nuestras propias maneras de utilizar estas herramientas. Y podemos discutir si eso es bueno o malo, pero quizá la pregunta más importante sea otra: ¿sabemos qué estamos haciendo?
Durante años hemos enseñado a las personas a no abrir determinados enlaces, no compartir determinadas contraseñas y no enviar determinados documentos.
Ahora tenemos que enseñarles también algo mucho más nuevo: qué significa compartir información con una inteligencia artificial. Porque no siempre es evidente.
Como todas las revoluciones, el problema es la distancia entre la velocidad de adopción de una tecnología y nuestra capacidad para entender sus consecuencias.
Necesitamos herramientas, políticas y controles.
Pero también necesitamos algo mucho más básico: criterio.
Que una persona sepa reconocer cuándo está trabajando con información que no debería introducir en una herramienta externa.
Que sepa qué herramientas están autorizadas.
Que entienda qué puede hacer la IA y qué no.
Y que pueda preguntar sin miedo cuando tenga dudas.
Y ahora la pregunta os la dejamos a vosotros:
¿Sabéis cómo se está utilizando la IA en vuestra empresa?
Y, sobre todo… ¿Sabéis qué datos estamos compartiendo?